El Concurso Internacional de Iluminación Ornamental y Artística del entorno monumental de la Catedral de Santiago de Compostela presenta su identidad visual bajo el lema: “Compostela nocturna, ¡mírame! Vivir la ciudad, iluminar la historia”. Esta pretende invitar a la contemplación de un nuevo paisaje nocturno compostelano, respetuoso con el patrimonio y con los valores locales y universales que representa, promoviendo una cultura de luz urbana de calidad, más allá del concepto de eficiencia o gasto energético, para el disfrute de la ciudadanía y también de quienes nos visitan.
La primera parte, “Compostela Nocturna”, evoca la transformación de la ciudad al caer el sol, un momento en el que el paisaje urbano adquiere una nueva dimensión de magia y misterio. La oscuridad no se concibe como una ausencia, sino como el lienzo sobre el que la luz puede dibujar formas, resaltar texturas y crear atmósferas inéditas, poniendo en valor la belleza silenciosa y evocadora de Santiago al anochecer.
Desde sus orígenes, la Catedral de Santiago —una construcción monumental en el corazón de la ciudad— ha estado ligada a luces prodigiosas. Primero, fueron las luminarias que señalaron el lugar donde se hallaba el edículo que se identificó con la tumba del apóstol Santiago el Mayor y sus discípulos; después, con el éxito de la peregrinación jacobea, el Camino de Santiago se convirtió en un Camino de Estrellas —la Vía Láctea— que conducía a Compostela. Así, un antiguo y lúgubre cementerio (compositum tellus) se transformó en un esplendoroso y luminoso Campus Stellae.
La iluminación en Santiago ha evolucionado desde la Edad Media y Moderna, cuando la oscuridad caracterizaba el ambiente nocturno y las calles y plazas compostelanas solo eran iluminadas por antorchas de ronda y velas de capillas, hasta nuestros días, en los que conviven diferentes capas de iluminación urbana funcional, ornamental y comercial, lo que multiplica las posibilidades de actividades culturales, productivas y recreativas.
El “¡Mírame!” es una llamada directa y una apelación emocional al espectador; una invitación a detenerse, observar con atención y redescubrir la Catedral y su entorno bajo una nueva óptica. Busca generar una conexión íntima con el patrimonio, invitando a sentir y emocionarse con la monumentalidad que una iluminación artística y cuidada puede revelar.
Como expresó el filósofo Proclo: “¿Qué es el espacio? No es otra cosa sino utilísima luz”. Eso es lo que transmite el logotipo: un foco de luz que se desvanece en distintos círculos, inspirado en la simbólica vieira compostelana. Captura la esencia de la luz como elemento constructor del espacio, con un aire contemporáneo e incluso cinematográfico. La luz no solo ilumina, sino que esculpe la arquitectura y define nuevos volúmenes y profundidades en el entorno monumental, creando una auténtica narrativa visual. Un diseño minimalista y sencillo que transmite los valores que promueve este Concurso.

