HISTORIA. LA ILUMINACIÓN EN LA CIUDAD

_La noche está barrida de la tierra.

Palabras exclamadas por el bibliotecario de la novela La chispa mágica de Armando Cotarelo Valledor al contemplar por primera vez (2 de abril de 1851) la luz eléctrica en la ciudad de Compostela.

La iluminación en Santiago evolucionó desde la Edad Media y Moderna, cuando la oscuridad caracterizaba el ambiente nocturno y las callejuelas, calles y plazas compostelanas solo eran iluminadas por las antorchas de ronda y las velas de las capillas, hasta nuestros días, donde conviven diferentes capas de iluminación urbana funcional, ornamental y comercial, lo que multiplica la posibilidad de actividades culturales, productivas y recreativas.

A finales del primer cuarto del siglo XIX, comenzaron a instalarse faroles de reverbero que funcionaban con aceite. Una tecnología lumínica sustituida de manera progresiva y demorada desde el último tercio de siglo por la de gas hidrógeno. En 1851, Antonio Casares Rodríguez realiza un experimento pionero en España con la electricidad que no tuvo reflejo práctico con su adopción popular, de hecho, solo logró desarrollarse y aplicarse como servicio público ya en los albores del XX.

Será precisamente a lo largo de este siglo y lo que va del XXI cuando, al amparo del perfeccionamiento tecnológico de la luz eléctrica y LED, se registren los mayores avances que permitan concebir proyectos globales de iluminación pública, artística y ornamental, incrementando los niveles de fiabilidad y calidad del servicio, extendiendo éste a los barrios y a las áreas rurales y cambiando, en conjunto, las percepciones y relaciones visuales del contexto urbano general compostelano.

Compostela nocturna, ¡mírame! Vivir la ciudad, iluminar la historia
Concurso Internacional de Iluminación ornamental y artística del entorno monumental de la Catedral de Santiago de Compostela