LA CASA DEL APÓSTOL: LUMINARIA, ESTRELLA Y LÁMPARA
La catedral de Santiago es una gigantesca mole que descansa en el corazón de la ciudad, sobre un área cementerial que dio origen a la Compostela actual. Desde el comienzo, el monumento ha estado relacionado con luces prodigiosas. Primero, fueron las luminarias que indicaron el lugar donde se encontraba el edículo que se identificó con la tumba del apóstol Santiago el Mayor y sus discípulos; después, con el éxito de la peregrinación jacobea, el Camino de Santiago se convirtió en un Camino de Estrellas -la Vía Láctea- que conducía a Compostela. De esta manera, un antiguo y lóbrego cementerio –compositum tellus– se transformó en un esplendoroso y luminoso Campus Stellae.
La transformación de no-lugar en una de las maravillas de Occidente debe mucho a las metamorfosis de la basílica apostólica, que, como una estrella, extiende sus brazos hacia la ciudad creando una serie de plazas que conforman un espectacular conjunto urbanístico que pone en comunicación lo sagrado y lo profano. Si Azabachería, antigua Porta Francigena, con su remate en la plaza de la Inmaculada, marca el final del Camino Francés, y era en el pasado un bullicioso lugar donde se vendían vieiras y calabazas; Platerías, con su fachada-palimpsesto y sus tiendas de joyas, fue en origen la puerta del obispo y de las entradas triunfales. Por su parte, la Quintana, en su solemnidad pétrea y monástica, esconde bajo sus losas el antiguo cementerio de la ciudad y se cubre en los años jubilares de cientos de peregrinos que hacen cola para entrar por la Puerta Santa, mientras que el Obradoiro es puro artificio barroco que mira impasible la historia de la ciudad a sus pies, con el antiguo Hospital Real, el Palacio de Raxoi y el Rectorado de la centenaria Minerva compostelana.
En esa peculiar constelación de granito, Compostela -declarada Patrimonio Mundial en 1985- sigue siendo, tal y como señaló Valle-Inclán en La lámpara maravillosa, “una ciudad petrificada que huye la idea de Tiempo” que no parece antigua, sino eterna. Encender esa luz inmemorial o mantener viva la llama de las luminarias es ahora, más que nunca, una tarea colectiva y un reto de futuro.
Manuel Antonio Castiñeiras González
Presidente del Comité Internacional de Expertos del Camino de Santiago.
Catedrático de Historia del Arte, Universitat Autònoma de Barcelona
Compostela nocturna, ¡mírame! Vivir la ciudad, iluminar la historia
Concurso Internacional de Iluminación ornamental y artística del entorno monumental de la Catedral de Santiago de Compostela
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